La Kundalini, nuestra energía latente e inmortal.

 Si quieres saber que es la Kundalini, lee este artículo.

Algo extenso, pero merece la pena leer este artículo donde nos explican y hasta ubican la Kundalini, Extraído de  el libro: PRANAYAMA  de Andre van Lysebeth

KUNDALINI                                                                          

 

EL POLO <<INDIVIDUO>> Y EL POLO <<ESPECIE>>

El minuto de la verdad para cada individuo se sitúa en el instante en que el espermatozoide paterno penetra en el óvulo y lo fecunda. Eran millones cuando iniciaron la gran carrera por la supervivencia de la especia. Sólo algunos, los más veloces, los más fuertes, llegan a las cercanías de óvulo, que los espera. Luego, después de una última selección, el vencedor se introduce en el óvulo, que inmediatamente se cierra tras él, y en este instante se ha formado la primera célula completa de un nuevo individuo.

Para que USTED, lector o lectora, y yo, autor de esta líneas, estemos presentes en este momento, se ha necesitado un número incalculable de “azares”. Si otro espermatozoide, de los millones que iniciaron la gran carrera de la vida, hubiese penetrado en el óvulo, no sería completamente USTED el que habría venido al mundo. Si su padre se hubiese casado con otra mujer, habría tal vez otro ser humano que llevaría el mismo nombre que usted y que habría nacido tal vez hacia la misma época, pero no sería USTED. Aun admitiendo que su padre se casó realmente con su madre (de usted), si hubiese estado de viaje en el momento en que usted fue concebido, el óvulo que dio nacimiento a ese ser que es usted, no habría sido fecundado y usted no estaría leyendo estas líneas. Imagínese que lo mismo ha sucedido con sus abuelos paternos, maternos, y con toda la ascendencia hasta el origen de la especie humana. ¡Qué increíble e inverosímil de “casualidades” ha sido necesaria para que estemos vivos en la segunda mitad de este siglo XX!

Desde el instante en que el espermatozoide esta en el óvulo, los dado estaban irrevocablemente echados. Usted estaba ahí enteramente, llevando el capital hereditario de la especie y una suma enorme de potencialidades, de las que hasta el momento sólo ha logrado manifestar una débil parte, dejando innumerables otras en estado latente.

La célula fecundada es la unión de la mitad del capital genético paterno con la mitad del capital genético materno. Las fuerzas misteriosas de la especie han actuado para  reunir estos dos seres humanos. Han actuado desde las profundidades de su psiquismo inconsciente, y ahora es un gran momento para la especie: prosigue su obra en un nuevo individuo.

Al comienzo el hombre es unicelular, pero no por mucho tiempo. Bajo el dinamismo vital de la célula-madre (el óvulo fecundado), primera célula completa de su individualidad, de la cual todas las demás serán hermanas, muy pronto va a  polarizarse: los elementos esenciales del núcleo van a separarse y dirigirse hacia los polos de la célula, que va a dividirse en dos: es la primera mitosis. Los acontecimientos se suceden rápidamente. Las dos células se convierten pronto en cuatro, ocho, dieciséis, y así sucesivamente. El dinamismo vital de la multiplicación celular va a proseguir así durante años a un ritmo inimaginable para nuestro cerebro, que a su vez está formado por miles de millones de estas mismas células, todas descendientes de la primera.

Pero no vamos demasiado de prisa. Volvamos al momento en que estábamos constituidos por cuatro células, porque va a producirse una diferenciación capital: tres de estas células van a multiplicarse muy rápidamente y, por evoluciones sucesivas, desarrollar tres grandes grupos de células.

El primero es el ectodermo, que dará nacimiento a la piel y al sistema nervioso. Será nuestra guardia fronteriza, nuestro servicio de “relaciones públicas”, y también los “cuadros”, las células nerviosas que gobernarán toda nuestra vida interior y de relación.

Otra célula, al multiplicarse, va a constituir nuestro esqueleto, vestirlo con músculos voluntarios, formar canales- arterias, capilares, venas- y llenarlo de sangre: el mesodermo.

Una tercera célula engendrará el sistema respiratorio (laringe, bronquios, bronquíolos, pulmones), además de todo el tubo digestivo y sus glándulas anexas: hígado, páncreas, etc.: es el endodermo.

Pero, ¿ que ha pasado con la cuarta?

En tanto que sus hermanas se multiplican a gran velocidad, la cuarta se reproduce mucho más lentamente. Muy pronto se encuentra cubierta y rodeada por las formaciones engendradas por las otras tres células. Da nacimiento al sistema genital. Es el enclave de la especie, que de este modo quiere salvaguardar el futuro. Es el “cuarto” de reserva.

Sí, las células sexuales forman realmente EL CUARTO  de todas las células del cuerpo. Hasta la pubertad y hasta la edad adulta, permanecen en segundo plano, en tanto que se multiplican hasta el infinito las células “individuo”; cuando este individuo es adulto, su actividad multiplicadora se frena, pero en cambio se multiplican las células sexuales.

Las células sexuales forman el enclave de la especie, el polo “especie” situado en la pelvis, en la región del sacro. En cuanto al polo “individuo” esta localizado en el extremo opuesto; se ha refugiado en el cráneo, en el cerebro, donde se produce el pensamiento individualizado. Entre ambos polos está la columna vertebral, eje vital, lazo entre ambos.

Las células de reserva constituyen la inmortalidad de la especie encerrada en nosotros, porque las células sexuales escapan a la muerte, al abandonar el cuerpo e irse a unir a otra mitad para formar una nueva célula-madre que dará nacimiento a un nuevo individuo. Solamente las que desciendan de las tres primeras células, las células somáticas, conocerán la muerte.

Y durante toda nuestra vida, va a establecerse una actividad y una interacción constante entre estos dos polos. En el polo “individuo”, es decir en el cerebro, la hipófisis actúa sobre los órganos genitales, frenando su desarrollo durante la niñez. Viceversa, el polo “especie” actúa sobre el conjunto de las funciones del cuerpo mediante sus hormonas masculinas o femeninas, determina la forma de nuestro cuerpo (caracteres sexuales secundarios)y actúa incluso sobre nuestro psiquismo. La interacción equilibrada de ambos polos es esencial.

El dinamismo de la especie, inmortal y motor de la evolución a través de las generaciones, se sitúa, por consiguiente, en la parte inferior de la columna vertebral. Este dinamismo cósmico, que lleva consigo todos los poderes latentes de la evolución futura de la especie y todo su pasado, dueño de su presente, es sin duda Kundalini. Este depósito de potencialidades de evolución personal y genética, por lo tanto de evolución de la especie, dormita en el seno de cada ser humano. Despertar este dinamismo es la ambición del pranayama llevado a sus límites.

Para la especie, el individuo es a la vez todo y nada; la especie, para existir, debe ser llevada por y manifestarse a través de los individuos: sin individuos no hay especies. Por otra parte, el individuo es desdeñable para la especie. Para la especie, inmortal (al menos tan inmortal como se puede ser en el plano de la manifestación terrestre, porque un día este planeta volverá a la nada de donde salió), la muerte de los individuos no sólo es un incidente sin importancia, sino que es la condición de su evolución. En efecto, porque los individuos son mortales la especie puede reemplazarlos por otros, y por consiguiente evolucionar. La muerte de los individuos hace posible la evolución, al asegurar la plasticidad de la Especie, y engendra así una situación paradójica, porque para sobrevivir, la especie dota a cada individuo de un deseo intenso de vida y de manifestación: es el instinto de vida, de supervivencia, de donde brota todos los  otros instintos del hombre, o mejor dicho del individuo, porque esto se aplica a todas las especies. Por esto todos deseamos vivir el mayor tiempo posible, por esto la muerte espanta a cuantos no han comprendido su profundo sentido. Para evolucionar, la especie debe eliminar a los individuos después de cierto tiempo. ¡ de esta forma la especie conduce al suicidio a millones de individuos para poder sobrevivir ella misma!

Tomemos el caso de los turones. Estos pequeños roedores, parientes del ratón campestre, tienen un comportamiento muy extraño. Durante dos, tres y a veces cuatro años, no sucede nada de extraordinario. Viven en sus madrigueras, se alimentan y se reproducen- al igual que todos los roedores, esta especie tiene una enorme capacidad de “producción” de individuos-. Después, repentinamente, como por una señal de radio, abandonan sus madrigueras por millares. Igual que en una migración perfectamente organizada, se ponen en filas de varios centenares, y al igual que los pequeños arroyos hacen crecer los afluentes y éstos forman los ríos que finalmente desembocan en el mar, así centenares de miles de turones forman tropas innumerables que atraviesan por todas partes en su “Marcha hacia el Oeste”. En esta marcha hacia el mar, atraviesan campos, bosques, arroyos, ríos, incluso ciudades. Los más notable es que esto se produce simultáneamente en todos los individuos, incluso situados a grandes distancias. Llegan así al borde del mar, ¡ que tampoco los detiene! El mar se cubre de turones que nadan hacia el Oeste. No irán muy lejos. Muy pronto agotados, se hunden y se ahogan por millones. Sus cadáveres, arrojados por la marea, se acumulan en la orilla. Algunos sabios creen poder explicar este extraño comportamiento evocando la memoria atávica de la especie, que habría emigrado, en tiempos lejanos, hacia una tierra lejanos, hacia una tierra más acogedora situada al Oeste. De este modo se habría querido probar la deriva de los continentes. Por desdicha para los sostenedores de esta teoría, esta especie (lenning) sólo se formó en la era terciaria, y en esta época los continentes se encontraban prácticamente a la misma distancia que ahora, es decir, a millares de kilómetros. Los biólogos han aclarado el misterio: este suicidio colectivo y masivo sobreviene cuando el territorio, superpoblado, no permite ya la supervivencia de la especie. Amenazada de extinción total, prefiere sacrificar millones de individuos en provecho de un pequeño número que permanece en tierra firme, donde se reproduce, asegurando así la continuidad de la Especie.

La especie puede considerarse como un nivel de integración que engloba a los individuos y es capaz de acción sobre ellos. La especie no sería un mito, sino un dinamismo muy actual, presente en cada individuo y que lo sobrepasa continuamente. Pero otro elemento se agrega. La especie se encuentra polarizada en otro plano. Se manifiesta bajos dos aspectos complementarios, el aspecto Femenino Absoluto y el aspecto Masculino Absoluto, de los cuales cada individuo es un reflejo más o menos perfecto. Esta polarización es fundamental:  todas las especies, excepto las unicelulares, son sexuadas, siendo el sexo uno de los aspectos cósmicos de la manifestación de la vida. El sexo impregna todo el individuo, embebe su cuerpo y su psiquismo y condiciona todo su comportamiento. Cuando Freud afirma que todo es libido, quiere decir que nuestro sexo nos impregna totalmente y condiciona nuestras relaciones con cualquier otro individuo de nuestra especie, o de otras especies, o incluso con objetos inanimados. El concepto “sexo” no se limita, como nos imaginamos muy frecuentemente, a las partes genitales. Es evidente que tenemos los órganos genitales de nuestro sexo, pero éste es mucho más que eso: es un modo de ser. La relación sexual no se limita, tampoco, al acto sexual. Tener relaciones sexuales es, para la mayor parte, sinónimo de acoplamiento. Grave confusión. Si Freud afirma que el recién nacido tiene relaciones sexuales con su madre, esto significa que el comportamiento del recién nacido está condicionado por su sexo. Un nene de sexo masculino actúa con su madre en forma diferente que con su padre, su hermano o su hermana. Exagerando, podríamos decir que tenemos relaciones sexuales con los objetos. Porque un varón conduce su coche en forma diferente a como lo hace su mujer. Si entendemos por “relaciones sexuales” cualquier comportamiento influido por el sexo del individuo, podríamos llegar hasta decir que tenemos relaciones sexuales con todos los hombres y todas las mujeres…De todos modos, queda en pie el hecho que es en los órganos del sexo donde se expresa la polarización al máximo.

Cuando el aspecto Femenino Absoluto, manifestado en un individuo de este sexo, se encuentra con el aspecto Masculino Absoluto en otro individuo, y de este encuentro brota una pareja, aun temporal, es un acontecimiento cósmico para la especie. Las células sexuales y los órganos que sirven para producirlas y perpetuarlas son, por consiguiente, el punto de encuentro de las energías polarizadas bajo forma femenina o masculina. La sexualidad es así el motor del individuo y el dinamismo básico de la especie en nosotros. El individuo y la especie encuentran, en el acto sexual, su perfeccionamiento. Trasponer la sexualidad al plano cósmico es la única forma de conferirle un carácter sagrado, en el sentido más absoluto del término.

Respecto a la sexualidad, la Humanidad oscila entre diversas posiciones: 1) el tabú, que desemboca en la represión a través de un puritanismo excesivo; 2) una sana sexualidad, que busca una satisfacción “normal” de una necesidad normal sin trabas morales rígidas, exactamente como para cualquier otra función corporal; 3) una “sublimación”, que sólo puede ser una situación excepcional; y $) una “cosmización”, que incluye la satisfacción “sana” al mismo tiempo que la sobrepasa. Esta última es la característica del yoga, y no la continencia, como algunos creen. Esta cosmización es la base de las prácticas secretas del tantrismo- tal vez la forma más antigua del yoga autóctono de la India antigua; el yoga actual habría nacido de una interacción de las concepciones llevadas por los conquistadores arios y las que habían adquirido, tal vez desde tiempos prehistóricos, los autóctonos dravidianos en forma especial-. Ha-Tha Yoga, el yoga del Sol (HA) y de la luna (THA): el yoga de la polarización masculina y femenina; el Yoga de la polarización de Ida y de Pingala, el Yoga de la polarización “Especie-Individuo”. Por esto el tantrismo incluye prácticas rituales sexuales: sería vano negarlo. La finalidad era sacralizar toda la sexualidad. Por lo demás,¿es por casualidad que la base de la columna vertebral se llama “sacrum”? Volveremos sobre esto cuando hablemos de los chakras.

La activación del polo “especie” es uno de los elementos esenciales del pranayama, puesto que obtenemos nuestra vida del dinamismo mismo de la Especie. La práctica de Mula Bandha y de Asvini Mudra tiene por finalidad el control del polo especie y la creación de una corriente entre este polo sagrado y el polo individuo, situado en el cerebro, el Loto de los Mil Pétalos, el chakra superior (tomado en sentido individual). Cuando las fuerzas de la especie ascienden a través de la columna vertebral para unirse a los poderes del individuo, también este encuentro es un acontecimiento cósmico. El dinamismo de la Especie, el mismo que ha provocado y controlado la evolución de la raza humana a lo largo de millones de años, está encerrado en nosotros. Es muy activo hasta la edad adulta, y luego se adormece, se hace latente: es Kundalini. Por eso a Kundalini se le representa en forma de Serpiente, que simboliza la fuerza de la especie, y esta serpiente se enrolla tres veces y media alrededor del “linga”, el signo de Shiva, el falo sagrado, encerrado en un triángulo con la punta hacia abajo, que simboliza el sexo femenino. Así, pues Kundalini no es la sexualidad, ni el encuentro de los sexos: si así fuera, les habría bastado a los yoguis con representar el linga en un triángulo con un extremo hacia abajo, sin más. Kundalini está ligado a la sexualidad, se expresa a través de ella, pero no es la sexualidad.

Por lo demás, toda la mitología hindú no es, al fin de cuentaas, sino la representación simbólica de las fuerzas cósmicas. Shiva es el principio cósmico masculino. Shakti es su complemento polar femenino. De su unión nacen las especies. Shakti es la naturaleza primordial.

Volviendo al polo “especie” e “individuo” en nosotros, mediante el control consciente de la región del perineo- especialmente por Mula Bandha y Asvini Mudra- , el individuo puede movilizar y despertar las fuerzas latentes de la especie y utilizarlas “creadoramente “ en él como factor de evolución individual. A menudo los adeptos del yoga se imaginan, por las descripciones que encuentran en algunas obras, que el despertar de Kundalini es tan súbito y explosivo como una reacción en cadena atómica, y que se hace sin transición. Sin duda tienen razón, en el sentido que Kundalini puede despertarse en forma espectacular y trasmutar todo el ser humano. Pero este despertar no puede realizarse sino al precio de años de esfuerzo, mediante el conocimiento y puesta en acción de técnicas muy secretas, aplicadas bajo la vigilancia personal y continua de un Gurú. Estos casos son rarísimos y no estoy seguro de haber tenido conocimiento de un caso auténtico en nuestra época. Por el contrario, perfectamente puede realizarse una cierta intensificación de la corriente normal entre la especie y el individuo. Mientras que el despertar total de la Kundalini puede ser muy peligroso (no se asuste: no es posible que se produzca “accidentalmente” mediante la prácticas descritas en ésta o en otras obras), su despertar parcial y progresivo no ofrece peligro, porque es controlable por el que aplica las técnicas del yoga. ¡ No hay que temer ni explosiones ni cortocircuitos!

El que practica el pranayama en unión con las bandas, no sólo asegura el control de las energías pránicas que penetran en él, se hace capaz de acumularlas y dirigirlas a voluntad, sino que puede aun beneficiarse con el dinamismo vital de base, representado en él por el polo genital, y desarrollar su “creatividad” real.

2 comentarios el “La Kundalini, nuestra energía latente e inmortal.

  1. Pepe dice:

    me encanto el dibujo muy bueno le pongo un 10

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